En Te conozco, Mendizábal y otros cuentos , Eduardo Sacheri vuelve a entregarnos la plasticidad de su pluma para preroducir voces, presentar una galería de personajes notables en sus fracasos, dolores y alegrías puestos todos al servicio de relatos de impecable factura.
Los cuentos de fútbol que supieron emocionarnos en lo que fue su primer libro y anterior libro, Esperándolo a Tito, anticiparon lo que ya podía entreverse: que más allá del tema propuesto, Sacheri domina el género con maestría y sabe generar climas, ámbitos y situaciones por los que deambulen sus criaturas, genuinamente argentinas.
Así, las historias de amores, traiciones, amistades y venganzas protagonizadas por mujeres que asisten puntuales a la cita, por hombres perseguidos y desesprados, por personajes suburbanos y marginales, van con absoluta soltura de lo fantástico al nturalismo y se netretejen con tres memorables relatos futbolísticosm consiguiendo en su conjunto inscribir el nombre de su autor junto al de los más destacados cuentistas argentinos.
Esperándolo a Tito
La lectura de este libro, una magnífica idealizción de la amistad, generó las mismas reacciones entusiastas que el anterior.
En mérito a sus virtudes, ascendí a Sacheri a la primera. Esto es, a la apertura del programa, un espacio que considero de privilegio y en el cual sus relatos se alternan con los de un equipo de notables integrado por Osvaldo Soriano, Julio Cortázar, Mario Benedetti, Jorge Luis Borges y Roberto Fontanarrosa, entre otros elegidos.
La decisión fue resultado de una teoría que como lector empedernido de cuentos de fútbol elaboré al respecto. Considero que Benedetti es de alguna manera el fundador del género; que Fontanarrosa es el que interpreta exactamente la locura y pasión que puede generar este deporte; que Soriano retrata como nadie los partidos de los pueblos del interior y sus ritos; mientras que el sentimiento de barrio, el desafío de calzarse los botines y enfrentarse a otra barra o de jugar con una Tango, el registro de las voces del conurbano y sus personajes, ése es territorio de Sacheri. Y si hoy todavía este talentoso escritor no es el dueño absoluto del área, estoy seguro de que muy pronto lo será.
La Pregunta de sus Ojos
Cuando Benjamín Chaparro, prosecretario de un juzgado de instrucción, se enfrenta con el momento de jubilarse, decide ocupar su tiempo libre en escribir una novela. Tiene en mente una historia de la que le ha tocado ser testigo y protagonista durante su trayectoria como empleado judicial; tiene también a una lectora ideal, o no tanto: la mujer amada, ex compañera de trabajo, a quien fervorosamente ha deseado en silencio durante años.
La novela que escribe Chaparro es en apariencia la historia de un asesinato y de la consiguiente investigación para hallar al culpable. Pero en la turbulenta Argentina de los '60 y los '70 el aire está enrarecido y nada es necesariamente lo que parece ser. Crimen, justicia, política y venganza se confunden y entremezclan en la vida de los personajes, y la narración –en principio una historia policial– toma un giro inesperado, capaz de cautivar al más escéptico de los lectores.
La pregunta de sus ojos es la primera novela de Eduardo Sacheri, el reconocido autor de las colecciones de relatos, auténticos long-sellers de la narrativa argentina contemporánea. Mediante una prosa que amalgama los registros literario y coloquial, el autor plantea una historia que concede poco respiro. Una novela en la que se entrelazan los dilemas morales en torno a la justicia y el castigo, la tematización del proceso de escritura, la empatía y el amor insinuado.
Lo Raro Empezó Después
En éste, su tercer libro de cuentos, se reúnen esa dos vertientes insinuadas en sus obras anteriores y elre sultado es impecable. En los cuentos de fútbol incluidos, Sacheri interpreta al milímetro aquello que afirma Alejandro Dolina con respecto a que en el rectángulo de juego caben infinidad de novelescos episodios, algunos evidentes, relacionados con la destreza, la habilidad, la fuerza del deportista, y otros más profundos y esneciales, con temáticas como la amistad o el coraje, la solidaridad o la avaricia, la garndeza y la cloaca del hombre. Y de ese caldo de pasiones el autor extrae combinaciones nuevas. En cuanto a los otros relatos que no tienen que ver con el fútbol, también en ellos las emociones giran, se combinan, se aproximan y se transforman de un modo único.
Por todo ello, sumergirse en la lectura de esta libro, captar su cuerda y su tono, acercarse a la mezcla de actitudes grandiosas y cobardes, aleccionadoras o diminutas que sus personajes encarnan, puede constituir uno de los caminos posibles que nos quedan abiertos en la vida: si no la felicidad para siempre, por lo menos mejorar el rato.